Quién inventó el jacuzzi: la saga de una familia italiana en EE. UU.

Candido Jacuzzi no se propuso convertir su apellido en una marca global. Tampoco tuvo la intención de impulsar un negocio que, aunque dio pie a la fortuna familiar, casi los destruyó. Solo quiso aliviar el dolor físico que sufría su hijo, de cualquier forma posible.

Puede que hoy por hoy, el jacuzzi —ese receptáculo de agua burbujeante conocido y amado en todo el mundo— esté diseñado para socializar en el patio trasero y sea un elemento imprescindible en yates, hoteles, chalets, fiestas de vacaciones de primavera y cruceros. Pero su tecnología fue concebida con una sola persona en mente: Kenneth Jacuzzi, un niño menor de 2 años, afectado por artritis reumatoide juvenil después de un caso severo de faringitis estreptocócica.

Este imperio comienza y termina con una familia: siete hermanos, para ser exactos, entre los cuales Candido es el séptimo. Comienza mucho antes del diagnóstico de su hijo en 1943, aunque ese fue el catalizador.

A principios del siglo XX, los Jacuzzi eran un gran clan en Casarsa, una comunidad agrícola en el norte de Italia. Al crecer en esta colina rodeada de viñedos, los hermanos comenzaron a trabajar desde temprana edad y usaban zapatos de madera: las pantuflas hechas a mano se reservaban para ir a misa.

Aunque el dinero escaseaba a menudo, la familia tenía como pilares a unos padres profundamente religiosos: Teresa, que no trabajaba fuera de casa, y Giovanni, carpintero. Ambos eran descendientes de agricultores y trabajadores portuarios, y no solo criaron siete hijos, sino también seis hijas. Estos fueron, en orden: Rachele, Valeriano, Francesco, Giuseppe, Gelindo, Giocondo, Felicità, Angelina, Ancilla, Candido, Cirilla, Stella y Gilia. Era una camada ambiciosa: los chicos estudiaron para convertirse en ingenieros y las chicas se formaron para convertirse en costureras.

Cuando Europa empezó a sufrir un periodo de cambios, y la guerra amenazaba con convertirse en una realidad, Giovanni tramó un plan para enviar a sus hijos a Estados Unidos. Los hermanos se fueron a donde hubiera trabajo. Para algunos esto significó la zona rural de Idaho; para otros, la soleada California, donde con el tiempo se establecería toda la familia.

“Cavaron zanjas, construyeron vías férreas, hicieron todo lo que pudieron para ganar dinero y enviarlo de regreso a Italia, y tratar de traerse al resto de la familia”, dijo Paulo Jacuzzi, de 54 años, nieto de Valeriano Jacuzzi, el segundo de los 13 hijos y el primero en llegar a Estados Unidos.

Fue un éxodo gradual que comenzó en 1907 y terminó en 1920. “Las hermanas vinieron en la segunda oleada”, agregó Paulo.

Los hermanos, que solo hablaban un inglés básico, trabajaron primero en los naranjales de California, antes de unir fuerzas y utilizar su experiencia como ingenieros mecánicos para fundar un taller mecánico en Berkeley en 1915, bajo el nombre de Jacuzzi Brothers Incorporated.

Después de un período de estancamiento, y frente a las deudas contraídas por la pérdida de la costosa aeronave, los hermanos reorientaron su atención. Trabajaron en el desarrollo de sistemas de riego para huertos y diseñaron una línea de bombas inyectoras para pozos profundos. Posteriormente vendieron sus patentes a grandes empresas a cambio de acuerdos de regalías y comenzaron a fabricar suministros para piscinas.

Ese cambio hacia el agua los colocó en una buena posición para aventurarse en la hidroterapia cuando, en 1943, el hijo de 15 meses de Candido se enfermó.

El pronóstico era sombrío y los médicos no sabían si lograría vivir más de 8 años. El niño solía ser activo y saludable, pero los médicos le dijeron a la familia que poco a poco perdería la movilidad y no podría vivir de forma autónoma.

Destrozados, Candido y su esposa, Inez, probaron de todo, incluido un yeso de cuerpo completo en un intento por lograr que sus extremidades crecieran de forma adecuada. Incluso recurrieron a la crisoterapia o “tratamiento de oro”, en el que se inyectaban sales de oro en el cuerpo.

Pero lo que les dio un rayo de esperanza fue conocer la hidroterapia a través del tanque Hubbard en el hospital Herrick en Berkeley. El Hubbard era un receptáculo de forma ovalada con un banco de madera, a través del cual el agua se arremolinaba y golpeaba el cuerpo del paciente para aliviar la rigidez y mejorar la flexibilidad.

Esta forma de hidroterapia marcó una diferencia tan inmediata en el bienestar del niño que comenzaron a llevarlo allí dos veces por semana. Pero el viaje de una hora era agotador para Inez y doloroso para Ken, quien se retorcía de dolor durante el recorrido. “Así que un día ella llegó a casa con Candido y le dijo: ‘Oye, estoy conduciendo todo este trayecto, ¿por qué no haces algo como eso en casa?”, recordó Paulo. “Y eso es exactamente lo que hicieron”.

La J-300 fue una bomba diseñada por Candido que creaba un remolino de agua tibia similar al del Hubbard y podía acoplarse a una bañera. Con la diferencia de que Ken podía estirar todo su cuerpo, mientras que en el Hubbard tenía que sentarse erguido.

Una vez que comprendieron el potencial de la bomba en la salud y realizaron mejoras estructurales en el diseño, los hermanos comenzaron a vender estas unidades en 1949, a través de tiendas de artículos para el baño y farmacias, antes de ampliar su enfoque al mercado comercial más amplio a mediados de la década de 1950.

Una campaña publicitaria la promocionaba como una “unidad de hidromasaje portátil y liviana”, perfecta para “el hombre de negocios cansado o el ama de casa agobiada, para el golfista con dolores musculares, para los dolores y molestias de los ancianos, para los jóvenes juguetones y para aquellos que simplemente quieran relajarse y mimarse con un baño de hidromasaje”.

A algunos consumidores les preocupaba la idea de un aparato eléctrico en el agua, por lo que los Jacuzzi comenzaron a fabricar unidades de baño con la tecnología ya incorporada, la primera de las cuales se convirtió en la primera bañera de hidromasaje original, conocida como el Baño Romano (la familia tiene actualmente más de 50 patentes). Estos primeros modelos tenían varios accesorios de chorro acoplados en la pared, calentadores y filtros de bomba de recirculación, así como escalones antideslizantes y un riel de seguridad opcional.

Y así nació el jacuzzi.

Al agregar paneles de fibra de vidrio, el jacuzzi se podía configurar en varias formas y tamaños, lo que resultó en la piscina de hidroterapia Luxury Line de 1966, el mismo año en que hizo su debut cinematográfico en Por dinero, casi todo, dirigida por Billy Wilder y protagonizada por Walter Matthau y Jack Lemmon.

Para la década de 1980, los jacuzzis ya eran reconocidos a nivel mundial. La empresa había inaugurado fábricas en Canadá, México, Brasil, Chile e Italia, así como en Estados Unidos, donde eligió Lonoke, Arkansas, como su centro de operaciones.

Todos los hijos y nietos debían contribuir con la empresa durante las vacaciones escolares y universitarias: trabajando en las líneas de montaje, empacando cajas y contestando los teléfonos. “Siempre hubo esa cosa de ‘tienes que hacerlo por la familia’”, dijo Paulo sobre el sentido de unidad de la familia Jacuzzi.

“Si tienes una bañera de hidromasajes, especialmente si eres un hombre heterosexual, estás haciendo una declaración sobre ti mismo y quieres lucir muy genial y sofisticado”, afirmó Rax King, quien escribió sobre la cultura pop en su libro Tacky y presenta un pódcast llamado Low Culture Boil.

Para finales del siglo XX, era un hecho que incluso un hotel, un chalet o un gimnasio mediocre tendría un jacuzzi. Los jacuzzi han aparecido en dramas para adolescentes, películas policíacas de la década de 1970 y telenovelas de la década de 1980. Un jacuzzi que viaja en el tiempo fue la premisa de toda una película. Saturday Night Live los usó en un sketch recurrente, y entre las escenas más memorables de Caracortada aparece Al Pacino sumergido en el jacuzzi de un dormitorio. Más recientemente, hubo tensión de lucha de clases junto a la tina en la película nominada al Oscar El triángulo de la tristeza.

Pero por estos días, el encanto del jacuzzi pareciera ser cada vez más tenue. Al igual que las limusinas y los refrigeradores con dispensadores de hielo, los jacuzzis han llegado a representar el estilo de vida aspiracional de un pasado reciente. La bañera de hidromasaje ya no es tan deseada como, por ejemplo, un Tesla, el último par de botas llamativas o una serie de innovaciones digitales menos tangibles. Su ubicuidad al parecer la hizo menos lujosa: a medida que fue creciendo el mercado surgieron diseños similares, y todos terminaron conociéndose como “jacuzzis”.

Si bien brillaron cuando se presentaron por primera vez, no siempre estuvieron exentos de problemas. Si una bañera de hidromasaje no se limpia con regularidad, existe el riesgo de microbios dañinos, moho y enfermedades transmitidas por el agua, como la enfermedad del legionario.

Aunque algunas personas compraron bañeras de hidromasaje durante la pandemia para evitar el aburrimiento de la cuarentena, ya se habían vuelto menos atractivas en las últimas décadas. Tal vez sea un problema de imagen: los jacuzzis, que solían ser divertidos, emocionantes y nuevos, con el tiempo terminaron asociados con una especie de banalidad suburbana. En pleno 2023, es más probable encontrar paneles de tendencias con tinas para zambullidas heladas que con jacuzzis burbujeantes.

“Durante los primeros 30 años de su existencia, la bañera de hidromasaje fue un objeto exótico: podías transportar una fuente termal a tu casa”, explicó King en una entrevista telefónica. “Y ahora todos estamos como, ‘sí, podrías hacer eso. Podrías traer aguas termales a tu casa, pero también podrías contraer una infección si alguien no lo limpia adecuadamente’ y, al menos en mi círculo, nadie tiene el espacio suficiente”.

Para finales de la década de 1970, la familia Jacuzzi era una dinastía dividida. Para entonces había 257 miembros de la familia asociados al negocio y, a medida que la empresa iba creciendo, comenzaron a contratar personas externas para puestos de alto nivel, cambiando mientras tanto la dinámica interna.

Su historia no estuvo exenta de “imperfecciones y errores”, como bien escribió el padre de Paulo, Remo Jacuzzi, de 87 años, hijo de Valeriano, en su biografía de 2007, Spirit, Wind & Water, explicando que “hubo algunos momentos oscuros en la historia de la familia Jacuzzi, cuando unos pocos miembros de la familia tomaban la mayoría de las decisiones y el resto sentía las repercusiones”.

Candido se volvió cada vez más dictatorial en su estilo de liderazgo, según el libro de Remo, y como se reveló más tarde, había comenzado a hacer tratos a espaldas de sus hermanos y había tomado la decisión ejecutiva de establecer una empresa matriz llamada JacBros en Suiza en 1959.

“A algunos les pareció que Candido olvidó que no había sido él, sino el tío Rachele, quien había fundado Jacuzzi Brothers”, escribió Remo, recordando un incidente en una boda donde un invitado le preguntó de forma inocente a Candido si era miembro del clan Jacuzzi. Candido le espetó: “Yo soy EL Jacuzzi”.

Las tensiones se habían estado acumulando bajo la superficie durante algún tiempo. En una demanda de 1961 con el memorable título Jacuzzi versus Jacuzzi, una mitad de la familia denunció a la otra, acusando al lado de Candido de vender activos sin la debida consulta y de despojarlos de sus pensiones.

Los procedimientos judiciales comenzaron en 1967, más de cinco años después de que se presentara la denuncia. Algunos miembros descubrieron, con gran inquietud, que estaban siendo seguidos por investigadores privados contratados por su propia familia.

Acusado por un gran jurado de Estados Unidos de cinco cargos de evasión de impuestos sobre la renta, los cuales habían sido señalados al IRS durante la demanda, Candido huyó primero a Italia en 1969 y luego a América del Sur. En una rara entrevista de 1975 con la revista Sports Illustrated, lamentó la decisión de incluir en la junta a miembros que no eran de su familia, quienes, en su opinión, habían complicado las cosas. “Cuando solo éramos los hermanos, poníamos una botella de vino en la mesa y resolvíamos nuestros problemas”, dijo. “Hoy en día, somos demasiados para hacer eso”.

En 1979, vendieron la empresa por 73 millones de dólares al conglomerado manufacturero Walter Kidde & Company, y con ello perdieron el derecho a usar el nombre familiar en todos los futuros productos de spa. Roy Jacuzzi, hijo del hermano de Candido, Joseph, era la única persona que quedaba de la empresa original.

Si bien a Paulo le duele recordar los eventos que condujeron a este colapso, no parece guardar ningún resentimiento. “Creo que a veces necesitas despejar el camino para lo siguiente”, dijo. “Todavía era buena, pero había muchos hilos tirando de ella. En ese momento, no solo fabricaban bañeras, spas, parrillas de gas y hélices. También estaban haciendo un montón de productos de estilo de vida complementarios. Su enfoque había desaparecido”.

Para varios miembros de la familia, incluido Remo —quien para ese momento ya tenía más de dos décadas trabajando para la empresa— la misión de la compañía se había desviado de su propósito original.

Después de trabajar para los nuevos propietarios de Jacuzzi Inc. durante un par de años, Remo se fue y en 1982 fundó Jason International, en un esfuerzo por recuperar las cualidades terapéuticas de la invención. Posteriormente, Paulo, su hijo, se desempeñó como presidente durante seis años hasta 2021.

“En mi opinión”, escribió Remo en su libro, “un Jacuzzi es una persona, no una máquina. Un Jacuzzi es un miembro de mi familia”

En la fábrica de Jason International en North Little Rock, Arkansas, es fácil ver que, al igual que la familia, el negocio se basa en un ritmo particular.

“Detrás de cada bañera Jason hay un Jacuzzi”, decía un eslogan. “Un producto tan bueno que desearía poder ponerle mi apellido”, era otro, acompañado por la firma garigoleada de Remo.

“Recibimos algunas órdenes de cese y desistimiento”, contó Paulo, riéndose. Su padre, quien se instaló en una casa de retiro con su esposa de 60 años, lo envió a la biblioteca para que leyera sobre derechos de propiedad intelectual. “Pero no había nada que pudieran hacer. ‘Jacuzzi’ es un término popular para referirse a cualquier bañera de hidromasajes, por lo que no podían reclamar la exclusividad de los derechos de propiedad intelectual”.

“Es brillante que Remo haya tenido el coraje de poner eso allí”, afirmó Sandy Morehead, directora de experiencia al cliente de Jason, refiriéndose al eslogan de la compañía. “Siempre me decía que había sido el dinero que mejor había gastado”.

Paulo explicó: “Estás vendiendo tanto una historia como un producto, y eso es una ventaja al vender”. Tenía sentido que el extrovertido Paulo, el menor de seis hermanos, trabajara atendiendo a los clientes. “Dijeron: ‘Lo pondremos a que cuente la historia familiar y venda el producto’. Mi encargo fue asegurarme de que, más allá de mi generación, siguiéramos impulsando el legado de mi padre y, lo que es más importante, el legado de mi familia, porque esto no se trata solo de un hombre, se trata de toda la familia”.

“Siempre solíamos decir en broma que el jacuzzi era el séptimo hijo de mi padre y el favorito, el que no hacía nada malo”, contó Paulo, quien accedió a hablar en nombre de su padre. “Mi padre nunca lo dijo en voz alta, pero siempre estuvo claro que la familia era lo más importante que teníamos”.

Esta fue la razón por la que tomó el cargo más alto en Jason en 2015, después de pasar años trabajando en un centro de adicciones en Texas. “Además”, agregó, inclinándose hacia adelante y adoptando un acento italoestadounidense exagerado, gesticulando con la mano contraída como un tulipán cerrado, “me hizo una oferta que no pude rechazar”.

Hace dos años, Paulo sintió que había llegado a una encrucijada en su rol en la empresa familiar. La mitad de la familia ya se había establecido en otras industrias, como la producción de vinos con Jacuzzi Family Vineyards.

Finalmente se tomó la decisión, con el consentimiento de Remo, de vender Jason International pero mantener acciones en la empresa.

Cuando Robert Easter, presidente de American Industrial Brands, que compró Jason en 2021, consideró por primera vez comprar la empresa, quiso probar el producto. Hizo instalar dos bañeras de hidromasaje Jason en la sede de su oficina en el norte de Florida y se sumergió en ambas. Afirmó que muchos de sus clientes ahora compran los spas de hidromasaje de interior por razones terapéuticas, como el alivio del dolor de eczema severo, lo que significa un retorno al propósito original del jacuzzi.

“Puede que Roma haya inventado el baño, pero se necesitó un Jacuzzi para perfeccionarlo”, dijo Easter. “Es una historia estadounidense, pero también es una historia internacional”.

Ken, el niño que lo inspiró todo, sorprendió a los médicos al vivir mucho más allá de los 8 años, aunque quedó en silla de ruedas. Se casó, obtuvo una maestría en administración de empresas y trabajó durante un tiempo como gerente de Jacuzzi en Italia. Murió en 2017 a los 75 años.

Easter era consciente de que no estaba comprando solo otra marca, sino también un legado entero, y trató de tranquilizar a la familia.

Esto se extendió incluso a la apariencia de la fábrica. El frente del edificio fue remodelado, y su falsa mampostería, terraza y persianas de madera cerradas sobre ventanas inexistentes se asemejan a una villa. En la pared al lado de la puerta de entrada se encuentra un colorido mosaico del escudo de la familia Jacuzzi. Atravesando su centro, casi como una columna vertebral, se puede leer su autoproclamado lema: Aqua Vita Est.

El agua es vida.


Sumber: www.nytimes.com