Burning Man: todo lo que hay que saber

“Imagina una feria estatal alucinógena”, ​​escribió el periodista Rick Marin sobre Burning Man en The New York Times en 2000.

El artículo describía un ambiente de evento contracultural, donde hippies y gente de Silicon Valley se relajaban en un entorno que recordaba tanto a Mad Max como al Cirque du Soleil.

Pero el festival de este año, celebrado en un desierto remoto de Nevada, se ha experimentado de manera muy diferente. El evento ha sido afectado por las lluvias, que comenzaron el viernes por la noche, lo que dejó a miles de asistentes atrapados y lidiando con un lodo espeso. Con acceso limitado al sitio, se les dijo a los asistentes que conserven alimentos y agua. La policía está investigando la muerte de un participante.

Las condiciones extremas han puesto en entredicho la atmósfera de espíritu libre que durante tanto tiempo ha sido el principal atractivo de Burning Man. A continuación, repasamos los orígenes y el desarrollo del festival.

Burning Man (hombre quemándose, en traducción libre) es una celebración de nueve días de arte y autoexpresión que tiene lugar en Black Rock City, una comunidad temporal situada a unos 190 kilómetros al norte de Reno, Nevada. El festival, que ha atraído a unas 70.000 personas en los últimos años, se celebra al final de cada verano y culmina con la quema de una imponente escultura de madera con forma de hombre, de ahí su nombre.

Los asistentes, que se autodenominan burners, describen el festival como un ejercicio de creatividad y creación de comunidad. Los organizadores también lo han descrito como “una excusa para divertirse en el desierto”.

El evento se celebra en la playa, una miniciudad polvorienta con calles desplegadas como la esfera de un reloj con una figura de madera al centro. A diferencia de Coachella, Burning Man no tiene un artista principal ni un programa fijo de actuaciones. Los burners se encargan ellos mismos de la construcción, incluido el alojamiento y las colosales instalaciones artísticas. Utilizan un sistema basado en regalos, en lugar de dinero, para intercambiar bienes.

“Es un experimento de cultura participativa, desmercantilizada y autoexpresiva”, dijo Benjamin Wachs, autor de The Scene That Became Cities: What Burning Man Philosophy Can Teach Us About Building Better Communities bajo el pseudónimo Caveat Magister. Por ejemplo, en los bares del festival, gestionados y abastecidos por los participantes, “todo el alcohol es gratis, solo que quizás tengas que cantar una canción u ofrecer un poema o algo así”.

La actitud desenfadada del festival también se asocia con la desnudez, el sexo y el consumo de drogas. La mayoría de las 16 detenciones que se produjeron en la edición del año pasado fueron por posesión de drogas, según The Reno Gazette Journal.

El Burning Man comenzó como una reunión más modesta en junio de 1986, cuando sus fundadores, Larry Harvey y Jerry James, organizaron una hoguera con amigos en la playa de Baker, en San Francisco. La leyenda cuenta que quemaron una figura de madera de 2,5 metros de altura para marcar el final de una relación romántica. Unas 35 personas se reunieron para verla arder.

El evento se celebró anualmente en Baker Beach hasta que los bomberos intervinieron en 1990. Ese año se trasladó al desierto de Black Rock, donde 350 asistentes se reunieron para quemar una efigie de 12 metros, según el Burning Man Project, la organización sin fines de lucro que organiza el festival. En la década de 2000, el evento se había convertido en un rave desértico que duraba un día y que atraía regularmente a más de 50.000 asistentes, entre ellos magnates de la tecnología y celebridades.

El festival moderno se organiza en torno a los “10 principios”, una serie de orientaciones introducidas por Harvey en 2004. Entre ellas se encuentran la “inclusión radical”, según la cual no hay requisitos previos para unirse a la comunidad, y “no dejar rastro”, que exige a los participantes dejar el desierto limpio.

El festival atrae cada año a una mezcla de burners devotos y asistentes nuevos, con una curiosa mezcla de magnates de la tecnología, influentes y famosos.

Paris Hilton se presentó como DJ en 2017. Mark Zuckerberg ha asistido, al igual que Elon Musk, quien ha aparecido casi todos los años durante las últimas dos décadas (aunque no había señales de él en el festival de este año). El productor musical Diplo publicó en X, la red social antes conocida como Twitter, que se había escapado del festival de este año caminando ocho kilómetros por el barro.

Las entradas para Burning Man cuestan 575 dólares, aunque CNBC calcula que la experiencia completa puede acabar costando unos 1500 dólares con alojamiento, viaje y atuendo.

Según una encuesta realizada anualmente por voluntarios del festival, el burner promedio es cada vez mayor (la edad promedio el año pasado fue de 37 años, frente a los 32 de 2013) y más rico. Los asistentes siguen siendo en su mayoría blancos, según la encuesta, y el 13 por ciento se identifica como gente de color.

La afluencia de asistentes adinerados —algunos de los cuales han traído cocineros y aire acondicionado— ha provocado que algunos burners veteranos lamenten la pérdida del espíritu de “hazlo tú mismo” del festival.

Antes de este año, el festival había tenido obstáculos. Se celebró virtualmente en 2020 y 2021 debido a la pandemia de coronavirus. El festival del año pasado se desarrolló en medio de un calor y una polvareda extremos, y los activistas medioambientales bloquearon la entrada al encuentro de este año.

Los burners suelen estar preparados para condiciones difíciles, dijo Wachs, pero no hasta este punto. “Creo que el cambio climático está creando un entorno en el que esto va a ser impredeciblemente más difícil”, añadió.

Callie Holtermann se unió al Times en 2020. Más de Callie Holtermann




Sumber: www.nytimes.com